La primera campaña de Octava Edición a nivel mundial ha finalizado esta semana y los seguidores del Emperador han salido victoriosos tras estas siete semanas.

En total han sido 5 planetas para el Imperio y 2 planetas que acabaron en manos de los seguidores del Caos.

Como conclusión Games Workshop nos deja una buena lectura que os dejo ahora más abajo para el trasfondo de Warhammer 40000. Siempre recomendable leerlo para analizar posibles y futuras cosillas por este universo….

En un asalto desesperado, casi suicida, sobre el planeta Loebos, los ejércitos del Imperio han logrado frustrar la erradicación del Sistema Konor.

Para el Imperio del Hombre, no tenía sentido reservar fuerzas de cara al asalto sobre Loebos, pues si el corrupto mundo letal mantenía su ruta implacable, apenas quedaría nada que salvar del Sistema Konor. Mientras el planeta se movía por el espacio, dejando una estela de energía disforme a su paso, la Armada Imperial lanzó a todo transporte, pecio de carga y crucero de batalla disponible, todas las naves atestadas de soldados y vehículos. Aquella flota improvisada llegó hasta la órbita baja, a pesar de que la flota del Caos que escoltaba el mundo letal destruyó a millares de sus naves haciéndolas caer a la atmósfera convertidas en una erupción de bolas de fuego.

Pese a que la primera oleada del asalto planetario fue casi completamente borrada por la artillería en tierra o por las nubes de Drones de Plaga, las segunda y tercera oleadas lograron aterrizar. Las tropas leales empezaban a desplegarse apresuradamente en las posiciones designadas, cuando de pronto los bosques de Loebos cobraron vida en torno a ellas: enredaderas llenas de espinas agarraron a soldados llevándoselos sin remisión, árboles con hojas que cortaban como cristales afilados empalaron a tanques y andadores, y grandes charcos de ácido devoraron a aeronaves de desembarco enteras. Aun así, los inquebrantables campeones del Adeptus Astartes siguieron adelante a través de aquel entorno mortífero, bajo el fuego enemigo y todo lo que la naturaleza salvaje y mutante lanzaba contra ellos. Al poco rato, las grandes fortalezas de la Guardia de la Muerte conocidas como Trifectum Putris empezaron a derrumbarse bajo una tormenta de munición superpesada.

En el Círculo de Mehnauris, el rugiente centro del agonizante tormento del planeta, emergió un portal y por él entraron fila tras fila de ágiles guerreros y veloces tanques gravíticos. Los Aeldari habían vuelto a su fragmentado mundo, y llevaban consigo la furia de la venganza. Con espadas y cañones shuriken atacaron la contaminación que había estado corrompiendo Loebos, haciendo añicos los iconos del Caos que cubrían la superficie y aniquilando a los seguidores de los Dioses Oscuros que encontraban a su paso. Algunas huestes de los mundos astronave, llevadas por la amargura y el horror al contemplar el destino de Loebos, no dejaron escapar la ocasión de tomarse cumplida venganza contra los guerreros del Imperio, que tanto tiempo atrás habían arrasado aquel planeta antaño prístino. No obstante, su ira se reservó principalmente para los sirvientes de los Dioses Oscuros, de quienes se cobraron un sanguinario diezmo antes de volver a desvanecerse en la Telaraña.

Mientras tanto, los comandos de guerreros de élite rompían el perímetro del Caos en el Corrupción de la Esperanza, el mayor de los pecios espaciales reconfigurados para mantener al planeta clavado en su ruta antinatural. Las tropas se adentraron en sus corredores empapados de energía disforme, enfrentándose a pesadillas y horrores indescriptibles a cada paso que dieron. A un coste terrible, lograron llegar hasta el centro de fusión del gran sistema de reactores de fusión, y allí detonaron manualmente una cabeza nuclear ciclónica. La cataclísmica explosión resultante cubrió todo el continente sur en una tormenta incandescente, dando lugar a una serie de reacciones en cadena que quebraron el núcleo de planeta. Mientras el resto de las fuerzas imperiales trataban desesperadamente de llegar a los puntos de evacuación y alcanzar la órbita alta en los transportes que aún seguían operativos, el torturado planeta Loebos empezó a descomponerse y, en una erupción de luz blanca, detonó. Grandes porciones salieron despedidas al espacio profundo en todas direcciones, destruyendo unas cuantas naves tanto imperiales como del Caos. Sin embargo, ningún otro mundo resultó alcanzado por la devastación. La muerte de Loebos salvó al Sistema Konor de la debacle.

Arde Ultramar. Las pútridas huestes de la Guardia de la Muerte, lideradas por el Primarca Demonio Mortarion, han orquestado un furibundo asalto sobre el espléndido imperio de los Ultramarines. Esta erupción de guerra total amenaza con ahogar a las estrellas en la sangre y el terror. Legiones de Astartes Herejes y monstruosidades nacidas del Caos han aplastado mundo a mundo, extendiendo a su paso la maligna corrupción de los Dioses Oscuros. Pero no se ha perdido toda esperanza. El regreso del Primarca Roboute Guilliman ha frenado lo que parecía la inercia imparable del avance del Caos. En una serie de batallas sangrientas, los ejércitos del Imperio, reforzados por los potentes Primaris, han recuperado muchos mundos que se creían perdidos, obligando a sus enemigos odiados a retirarse o reagruparse.

Ahora los adoradores del Caos pretenden recuperar su ventaja abriéndose paso con violencia a través de la línea de batalla imperial hasta Macragge, mundo natal de los Ultramarines. Si se salen con la suya, la mayor fortaleza imperial del sector se verá gravemente amenazada, y las fuerzas de Guilliman quedarán aisladas y rodeadas. Con este fin, las fuerzas del Caos deben conquistar el Sistema Konor. Alimentado por el poderío industrial del mundo forja de Konor, este centro de fabricación y producción efectúa vitales envíos de munición y maquinaría a las fuerzas imperiales. Poblado y próspero, con una fuerza de defensa numerosa y bien pertrechada, el Sistema Konor personifica el sueño de gloria de Ultramar. También protege una de las pocas rutas de tránsito disforme estables al Sistema Macragge. De no detenerse el avance del Caos, Konor no tardará en caer y el camino al centro de Ultramar quedará al descubierto.

Pero los guerreros del Adeptus Astartes no cederán aquello que les pertenece por derecho sin luchar. Los Ultramarines se encaran ante el Caos con nobleza y coraje, aplastando al enemigo con bólter y espada. Y no están solos. El mazo del Astra Militarum acude presto al combate, puño blindado compuesto por devastadoras columnas de tanques e interminables regimientos de soldados que todo lo reducen a polvo y cenizas. Los Capítulos dispersos de Marines Espaciales acuden también a la zona de guerra en calidad de refuerzos de tropas de refresco, con miras a ayudar a sus acosados hermanos. Los enigmáticos Tecnosacerdotes del Adeptus Mechanicus envían a sus legiones de acero, y los poderosos Caballeros Imperiales huellan la matanza como los dioses de la guerra de antaño.

Hasta el último combatiente, hasta la última munición de bólter, la última bomba, tendrán vital importancia porque la presencia del Caos en el Sistema Konor resulta impensable. Los guerreros de la Guardia de la Muerte marchan con paso implacable mientras el fuego enemigo mella apenas la herrumbrosa servoarmadura y la piel pálida. A cambio el Caos bombardea con toxinas nocivas y plagas capaces de derretir la piel. Las legiones daemónicas se abaten al compás del avance del Caos, exultantes ante la posibilidad de causar semejante tormento en el reino de lo material. Las huestes de Heretic Astartes, millones y millones de depravados cultistas mortales, y un millar de horrores diversos, convergen en Konor, atraídos por su aura de muerte y dolor como tiburones a la carnaza.

En torno a esta tormenta de ira y fuego acechan las razas xenos, todas ellas más pendientes de sus misteriosos objetivos. Millones de Orkos acuden a la guerra encantados ante la perspectiva de la matanza. Los Aeldari de los mundos astronave y el distante círculo Drukhari ofrecen sus servicios en calidad de mercenarios o emprenden incursiones que obedecen a planes ignotos. Los Tiránidos y las fuerzas T’au acuden procedentes de la Franja Este, sacando partido de la situación o aprovechando la lucha intestina de las razas jóvenes para extender las fronteras de sus viejos imperios.

No hay parte del Sistema Konor que quede al margen de la guerra que se avecina. Si los Astartes Herejes logran su objetivo, los mundos del sistema se armarán y se volverán contra Ultramar. Las fuerzas del Caos abrirán por las armas una ruta a Macragge, y esta luz resplandeciente del Imperio se enfrentará a la erradicación.

Sobre la valoración, es difícil sacar algo en claro porque varias semanas el Caos ha jugado en clara desventaja por no tener el codex disponible. Pese a ese gran detalle podemos comprender que los Marines Espaciales están algo por encima de sus hermanos del Caos con la llegada de los Primaris y sus grandes novedades.

¿Tu que piensas de ello, es cierto que te parecen más poderosos los Marines Espaciales que sus hermanos oscuros? Si seguiste la campaña por tu zona o la jugaste ¿qué te pareció y que resultados hubo por tu zona?

 

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